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Argentina mantiene el mayor número de psicólogos per cápita del planeta

Con más de 80.000 analistas, Argentina es el lugar donde más ejercen profesionales de la salud mental.

Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao…/ Yo miro a Buenos Aires del nido de un gorrión/ y a vos te vi tan triste… ¡Vení! ¡Volá! ¡Sentí!../ el loco berretín que tengo para vos.

Lo anterior es un fragmento de la conocida canción de tango ‘Balada para un loco’, compuesta por el músico argentino Astor Piazzolla y el poeta uruguayo Horacio Ferrer. No por casualidad estos dos astros de la música latinoamericana crearon una oda a la locura con los porteños como protagonistas.

En Argentina hay 82.776 psicólogos activos, es decir, casi 200 profesionales de la salud mental por cada 100.000 habitantes, según la información publicada en el Atlas de Salud Mental, elaborado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esto lo convierte, por lejos, en el país con más analistas del mundo. En el segundo lugar está Finlandia con casi 57 por cada 100.000; mientras que el segundo puesto a nivel regional lo ocupa Colombia con cerca de 11 terapeutas por la misma cantidad de habitantes.

En la Capital Federal hay 35.000 psicólogos. Allí se concentra el 42% de la población total de estos profesionales del país. En el barrio de Palermo, la zona de la Plaza Güemes recibe el nombre no oficial de ‘Palermo Sensible’ o ‘Villa Freud’, en alusión a la concentración de consultorios de psicólogos establecidos allí desde 1960.

En esa década empezó el apogeo del psicoanálisis, la corriente que inventó el neurólogo austriaco Sigmund Freud, y cuyo eje es el inconsciente. “Esta línea tuvo un impacto muy fuerte en Buenos Aires. En general, a los porteños se nos tilda de melancólicos, de que nos gusta mucho el tango, de que nuestros orígenes son de inmigrantes que descendían de los barcos, a quienes les quedaba ese sentimiento de extrañar la tierra de donde vinieron. Por eso se dice que el pasado y el anclaje en el pasado tienen un sustento muy fuerte en el alma del porteño”, dijo a Sputnik la licenciada en psicología y psicoanalista María Gabriela Zubimendi, que hace 32 años trabaja con pacientes adultos en una clínica individual.

“A mí me parece que el psicoanálisis prendió mucho por esa cuestión. Por todo lo que el pasado significa para nuestra idiosincrasia. El psicoanálisis, a diferencia de otras líneas terapéuticas, hace mucho hincapié en la historia del individuo, indaga en el inconsciente y para eso el paciente debe retrotraerse a los primeros momentos de su vida”, agregó.

Para los porteños, ir a terapia es cosa de todos los días. Acuden incluso por breves períodos para resolver cuestiones específicas. “Fui hace tres años pues había un tema que no podía resolver sola. Acudí durante tres meses. [La terapeuta] me hacía preguntas. Me hacía hablar sobre lo que me estaba pasando. Me preguntaba qué sentía y quería de toda esa situación. Cómo creía que lo podía resolver. Así, de a poco, una vez a la semana, en terapias de una hora y media fui avanzando. El último día, la psicóloga me dijo que el problema estaba resuelto. No había necesidad de seguir yendo. Me ayudó a dar pasos que yo no hubiera podido dar sola”, dijo a Sputnik Melisa Avila Arancibia, de 29 años, encargada de marketing y eventos para diferentes restaurantes de la ciudad.

Sin embargo, la realidad social y la estructura del sistema del servicio médico están haciendo que el psicoanálisis ortodoxo sea cada vez menos aplicable. Hace 50 años, el paciente iba tres o cuatro veces por semana a terapia y el tratamiento se extendía durante años. Pero hoy hay otras realidades. Lo que exige el mercado son terapias focalizadas, donde se resuelva el conflicto, el aquí y ahora, con técnicas que están restando lugar al psicoanálisis.

“Yo trabajo en empresas de medicina privada y tengo que acomodarme a exigencias de objetivos limitados con un tiempo determinado, lo cual supone un encuadre diferente al psicoanálisis. Conservo mis métodos psicoanalíticos pero me adapto a los requerimientos. Si un paciente viene porque no puede dormir, trabajamos ese síntoma. Si el paciente logra dormir con alguna técnica que le pueda sugerir o con psicofármacos que puede tomar, por más que el motivo primigenio del insomnio pertenezca a ámbitos que no se han podido elaborar en la terapia concreta, se acaba la consulta”, explicó la licenciada Zubimendi.

Otra línea de estudio psicológico cognitiva-conductual ha empezado a ganar terreno en los últimos tiempos. La psicóloga Zubimendi explicó que esta corriente, con un enfoque distinto al del psicoanálisis, se está imponiendo en Estados Unidos y Europa. En Argentina también está penetrando, aunque aseguró que el país sudamericano sigue siendo un reducto donde el psicoanálisis conserva mucha fuerza.

Esto se puede constatar en pacientes como Fernando, de 32 años, un director de arte publicitario que va a terapia desde octubre de 2010. “Al principio empecé a ir porque tenía ataques de ansiedad. Después se me fueron, pero tenía otros problemas. Hoy directamente hablo de lo que surge. Me ayudó mucho. Me dio otra perspectiva de mis problemas. Es un espacio que me permitió encontrar otros caminos, distintas soluciones que de otro modo no hubiera podido encontrar”, dijo a Sputnik, y agregó que lamentablemente va a tener que discontinuar las sesiones a partir de este mes por una cuestión económica. “Si fuera por mi seguiría yendo toda la vida”, admitió.

By |2018-09-06T12:11:20+00:00jueves, 06 Sep 2018|Novedades del país|

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Nacido en el año 72 en Buenos Aires, es Licenciado en Marketing de la Universidad C.A.E.C.E. de Buenos Aires y con Master en Dirección de Arte de CICE en Madrid. Productor, diseñador gráfico, diseñador editorial y webmaster. Desde 2005 trabaja en DIVERSIDAD VISUAL.

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