El 17 de mayo se celebra el “Día de la Armada Argentina” fecha gloriosa en los fastos de la República, por corresponder a la consolidación de los principios de la Revolución de Mayo con la terminante victoria naval de Montevideo, obtenida por nuestra escuadra al mando del Almirante Brown sobre la flota de la Real Armada Española que tenía su apostadero en aquel puerto.

Al efecto se sancionó el Decreto Nº 5304 del 12 de mayo de 1960 suscripto por el entonces Presidente de la Nación Dr. Arturo Frondizi.

La fecha es evocada para recordar la victoria que permitió alejar el peligro que representaba el poder naval realista en aguas del Río de la Plata, y contribuyó además a llevar a feliz término las campañas libertadoras de Chile y Perú.


La Batalla del Buceo

La ciudad de Montevideo se encontraba bajo sitio terrestre por los revolucionarios rioplatenses desde el 20 de octubre de 1812, por lo que las posibilidades de supervivencia de la ciudad dependían del mantenimiento del tránsito marítimo. La flota de guerra española que se encontraba en Montevideo, había sido siempre superior a las fuerzas navales porteñas, pero había comenzado a sufrir quebrantos. A excepción de la división ligera de Romarate, y del queche Hiena no había en Montevideo una verdadera escuadra. Las unidades nominadas como corbetas eran auténticas potalas faltas de todo y peor era aún el caso de las fragatas mercantes. La mayoría de los tripulantes de la supuesta escuadra española jamás habían pisado barco alguno, teniendo que luchar contra los barcos insurgentes en su primer día de mar. La nueva flotilla bonaerense, organizada a merced de los esfuerzos del ministro de Hacienda, don Juan Larrea y al auxilio pecuniario del norteamericano Guillermo Pío White, cuyo jefe era el irlandés Guillermo Brown, iba en cambio creciendo en poderío y eficacia. En el mes de marzo, Brown fracasó en el primer encuentro frente a la Isla Martín García, con el capitán español Jacinto de Romarate, pero este no pudo sacar provecho de la victoria por falta de recursos (ausencia de pólvora y balas), mientras que Brown en una maniobra audaz e inesperada volvía al ataque y, en un rápido desembarco recuperaba la isla, forzaba a la división de Romarate a internarse en el río Uruguay separándolo de la fuerza de Montevideo.

Los insurgentes perdieron en este encuentro una goleta varada en la propia isla y la fragata Hércules que también varó (aunque pudo retirarse) fue duramente atacada a metralla por los buques españoles y por una batería en tierra que habían desembarcado cañones. La Hércules sufrió unas 100 bajas entre muertos y heridos. Unas gestiones de Fernando Otorgués, hicieron que las naves regentistas zarparan desde Montevideo rumbo a Soriano, por lo cual dejaban a Montevideo desprotegida ante cualquier ataque naval, lo que aprovechó Guillermo Brown para bloquear el puerto de Montevideo el 20 de abril, dejando a la plaza desabastecida tanto por tierra como por mar. Luego de eso, la escuadra regentista que se encontraba rumbo a Soriano, se enteró del bloqueo por parte de Brown, y no vaciló en volver a Montevideo, para presentar batalla a los juntistas. El 14 de mayo de 1814 regresaron los regentistas al Puerto de Montevideo.

La escuadra española contaba con 11 barcos de guerra, 155 cañones y 1.180 tripulantes; Brown tenía a su mando 8 buques, 147 cañones y 1.252 combatientes. Revolucionarios: Fragata Hércules, buque insignia, 36 cañones, Corbeta Zephyr (Santiago King) Bergantín Nancy (Richard Leech) Goleta Juliet (G. MacDougall) Corbeta Belfast (Oliver Russell) Corbeta Agreeable (Antonio Lamarca) Sumaca Santísima Trinidad (Wack) Falucho San Martín. Regentistas (Sierra) Queche Hyena, insignia, 18 c, Corbeta Mercurio, Corbeta Neptuno, Mercedes, Goleta Paloma, Bergantín San José, Bergantín Cisne, Balandra Potrera. Transcurso de la batalla: Mientras que el Cabildo de Montevideo era de la opinión de presentar batalla, los comandantes militares en su mayoría eran contrarios, finalmente una votación decidió la salida. La sitiada población de Montevideo siguió parte del combate desde las azoteas.

Los revolucionarios bloqueaban el puerto de Montevideo cuando fueron atacados por los españoles. Brown ordenó retirarse hacia el Buceo para eludir el fuego de artillería de los sitiados, y presentó batalla, navegando hacia el Este. Brown, quien dirigió gran parte del combate herido en una pierna por el retroceso de un cañón, consiguió capturar un bergantín y dos corbetas enemigas y forzar la huida de los restantes barcos. El 17 por la mañana entró al puerto de Montevideo, en precipitada fuga, la corbeta Mercurio, perseguida por el buque insignia de Brown, el Hércules. Según explica, la escuadra enemiga era superior a la suya y por ello se propuso “no empeñar inmediatamente la acción, sino darla a una distancia regular de Montevideo”. Lo consiguió con muy pocas pérdidas por medio de “un falso ataque que sostuvo principalmente la fragata Hércules”. Luego Primo de Rivera (español), prevalecido de pequeñas ventajas iniciales, hizo rumbo al Este, y “como por la tarde cambiase el viento, me hallé en proposición de cortarle su retirada a la que se manifiesta muy inclinado”. “El queche Hiena, que estaba a la cabeza de la escuadra estuvo al tiro de fusil de la Hércules, mas aprovechándose de su mando, después de haber recibido dos andadas a metralla de bala, se largó y separó de sus compañeros. En él se descubrirá el distintivo del Jefe, y no obstante eso, se complacía en huir” La batalla culminó con 500 realistas capturados, más los muertos en batalla y 2 barcos quemados más los 3 capturados. La victoria de Buceo dejó a las autoridades coloniales de Montevideo totalmente aisladas y sin posibilidades de abastecerse. La rendición era inevitable.