No es raro escuchar alguna que otra vez que Buenos Aires fue bautizada “La París de América del Sur” o que muchas de las calles de esta ciudad no desentonarían con el entorno si se trasladaran a ciudades europeas. Pero hay más influencias para quienes desarrollan su curiosidad: la Ciudad también tiene algo de Nueva York. Aunque no sea tan fácil encontrarlo.

Cerca del famoso “Barrio Chino”, en Barrancas de Belgrano, si se camina por dentro del parque, en dirección a la esquina de la calle La Pampa y la avenida Virrey Vértiz, pasando la calesita y los juegos para niños, aparece con la antorcha en la mano…la estatua de “la Libertad” porteña.

La nuestra es una versión mini-me: mide casi tres metros mientras que la de EEUU 93. Pero fue realizada por el mismo escultor que hizo la de Nueva York: el francés Frédéric Auguste Bartholdi. Es más, la pequeña fue inaugurada antes que su “melliza” famosa. Se dice que se inauguró el 3 de octubre de 1886, unos 25 días antes de la de NY.

La Libertad

La obra, recostada sobre la calle La Pampa, se yergue sobre un basamento de piedra, y representa a una mujer en marcha en cuya mano derecha porta una antorcha simbolizando “La luz de la libertad por el mundo”, mientras sobre su brazo izquierdo reposa el texto con la declaración de la Independencia. A sus pies, una cadena rota representa la “ruptura con los lazos de la tiranía”.

La estatua original fue donada por Francia a los Estados Unidos, en 1886 al cumplirse el centenario de su independencia. La nuestra fue comprada por la municipalidad.

El downgrade, además del tamaño, se nota en el material de construcción. La de USA es de bronce. La nuestra es de hierro fundido, pintado color bronce.

Pero tampoco es una baratija, según explica Elisabeth Robert-Dehault en su libro “Fundiciones de arte francesas del siglo XIX”: la réplica se inscribe en la etapa de la modernidad donde se vincula el arte y la tecnología o “lo bello dentro de lo útil”.

Dónde encontrarla

En Barrancas de Belgrano, hay personas haciendo ejercicio con su personal trainer, gente paseando sus perros y vecinos simplemente disfrutando del verde. Pero la estatua no se ve a simple vista, parece que estuviera escondida.

Si se camina desde la calle Juramento, la zona está tapada por bastante vegetación. Hay que acercarse hasta casi 10 metros para poder divisarla.

Lo mismo pasa, si se la busca desde abajo, sobre la calle La Pampa. Haciendo un esfuerzo se ve pequeña. Pero está en una colina, apunta al cielo y mira desde lo más alto de la barranca… con aires de su prima más conocida.


Fuente: La Nación